Cómo ayudarle a alguien con depresión.

Muchas gracias a Santiago Gallego Franco por traducir este artículo. ¡Él es un traductor fantástico y tengo mucha suerte de contar con su ayuda! Si quieres trabajar con él, puedes contactarlo aquí.

Paso 1: ¡Alto ahí!

Antes de que intentes hacer algo, tomémonos un minuto para poner las cosas en su lugar. Si no lidias cada cierto tiempo con la depresión, o si no has pasado algún tiempo indagando sobre tus intenciones, motivaciones y actos, puedo asegurarte que esta situación en que te encuentras no es del todo clara para ti.

Hay algo peor: actuar sin tener claridad sobre la situación, usualmente es peor que no actuar. En serio. Nadie quiere eso, especialmente tú. ¡Quieres ayudar! ¡Incluso estás leyendo este artículo! Así que no te preocupes: puedes ayudar y, de hecho, vas a hacerlo.

Pero primero intentemos mirar el problema desde la perspectiva adecuada.

¿De qué se trata la depresión?

Imagínate esta situación: una mañana te despiertas y te preguntas si tienes gripe de nuevo. Estás abatido y hasta levantarte de la cama te parece difícil. Piensas en lo que se viene durante el día, en todas las reuniones, las citas y la gente que tienes que ver, y te preguntas cómo vas a hacer todo eso con tan poca energía. ¡Levantarte de la cama ya es muy duro! Tener reuniones es imposible…

Pero tu situación financiera es apremiante. No puedes incapacitarte más en el trabajo. Si no te levantas, no podrás conservar el empleo, pagar la renta, y no solo vas a tener poca energía, sino que no vas a tener casa. De modo que, por efecto del miedo y del valor, te levantas. No te bañas. Comes algo con desgano y te vas a trabajar.

Tu día de 8 horas parece de 18. Cuando termina, apenas si puedes estar de pie. Regresas a tu casa y te tumbas sobre el sofá. Te sientes agotado, apagado, a veces raro: algunos pensamientos oscuros se cruzan por tu mente. Encuentras algunas cosas hacen un poco más ligeros el cansancio y la pesadez: mirar tv, tomarte una cerveza, a veces solo dormir.

La situación es la misma día a día. Durante algunos periodos de tu vida, todo está bien. Pero luego, eventualmente, la situación se repite. Tomas nota. Intentas explicarte por qué a veces estás bien y a veces no.

Entonces, en algún momento, entiendes que esta situación peculiar se llama “depresión” y que te hace sentir como una mierda. Las personas con depresión están destrozadas. No pueden ver los días luminosos, incluso cuando afuera brilla el sol. Son marginados sociales con nubes que flotan sobre sus cabezas, personas que suelen deprimir a los demás.

A ti te gusta la gente. No quieres deprimirlos. De modo que, cuando la depresión llega a tu casa, simplemente te alejas de todo y de todos. En parte es porque no tienes energía, en parte porque no quieres entristecer a los otros. Deprimir a la gente que quieres solo haría que la situación fuera peor.

Sin embargo, en algún punto te das cuenta de que estás metido en un hoyo profundo y no sabes cómo salir de él. Así que te levantas y le dices a alguien en quien confías: “Oye, creo que me siento un poco deprimido”. Estás atenuando increíblemente las palabras: no quieres asustar a nadie.

Ya empiezas a tener claras las cosas.

Eso es lo que estaba pasando en la vida de quien te dijo que estaba “un poco deprimido”. Ese intento por comunicarse es algo muy valiente, y difícil, y aterrador. Y ese es el momento en que tú estás ahora.

Intenso, ¿no? Sí, pero te tengo buenas noticias: puedes ayudar, mucho, y es fácil hacerlo.

¿Qué hacer?: sentarse, preguntar y escuchar

La mejor respuesta que puedes darle a alguien que está batallando con la depresión es esta:

—¡Uf! Me imagino lo duro que es esto por lo que estás pasando. Gracias por contarme, sé que hablar es difícil y da miedo. Somos amigos y por eso quiero que sepas dos cosas. Primero, que voy a estar a tu lado, firme como un roble, hasta que salgamos de esta. Y segundo, si quieres hablar, me gustaría que me contaras de la situación, de toda la situación. ¿Cómo ha estado tu día hoy?

Luego, solo escucha. Clava tus raíces en el suelo, como un roble, y escucha.

Te juro que al escribir esto se me aguaron los ojos. Y te juro que eso, solo eso, le ayudará a tu amigo.

¿Por qué algo tan sencillo es útil?

Si eres una persona emocional y lo anterior te parece que tiene sentido, no necesitas saber más y puedes dejar de leer el resto de este ensayo. Sin embargo, cuando he hablado con varias personas sobre este asunto, he descubierto que para aquellos con una orientación más lógica o “racional”, entender por qué funciona mi recomendación es muy útil. Así que a continuación explico por qué este procedimiento sirve y por qué es tan efectivo.

Porque es la respuesta correcta según tu papel

Algunas personas dicen: “¡Pero esa propuesta no va a la raíz del problema!”.

Y es cierto. Pero el trascurso de un episodio depresivo no es el momento adecuado para preocuparse por sus causas. Hacerlo sería como comenzar a hablar de los procedimientos adecuados en el manejo seguro de una motosierra cuando acabas de herirte gravemente una pierna con ella. Claro que es importante el manejo seguro de una motosierra, pero tal vez es más importante atender en primer lugar la pierna herida.

Hay muchas cosas como la activación conductual y la terapia de aceptación y compromiso, así como muchas herramientas de la ciencia cognitiva y la psicología, que pueden tener resultados muy positivos en el tratamiento de la depresión a largo plazo. Pero son eso, ¡soluciones a largo plazo!

Tú eres la solución para esta situación de urgencia.

¿Y las cosas que yo sé que ayudarían…?

Esta pregunta la formulan quienes han luchado con la depresión y quieren compartir las cosas que a ellos les han ayudado, lo cual es válido. Pero hay un lugar y un tiempo para cada cosa… lo puedes reconocer cuando la persona te pregunte: “Ey, ¿tienes idea de cómo puedo lidiar con esta situación?”. Esa es tu señal de entrada. En caso contrario: siéntate, pregunta y escucha.

Y esta es la razón de por qué sirve hacer esto: al hacer algo tan simple como sentarte, preguntar y escuchar, le estás dando a una persona que se siente sin control —por un conjunto de fenómenos que están ocurriendo en su cerebro— la sensación de retomarlo. Piensa en su vida como en un auto: condúcelo solo cuando te lo pida.

Ten en cuenta que conservar todas esas grandes ideas, útiles y bien intencionadas, en tu interior, no te hará sentirte mejor, pero sí le ayudará inmensamente a esa persona que te necesita. ¿Por qué?

Porque así neutralizas la cosa más dura de la depresión

La depresión es muy aislante y la gente que lucha contra ella usualmente no tiene a nadie con quien hablar tranquilamente del monstruo que está devorando sus vidas.

Imagínate esto: que, en lugar de depresión, tienes una gripe terrible que absorbe todas tus energías. Podrías decirle a todo el mundo que tienes una gripe que te tiene aniquilado y recibirías muchas muestras de simpatía y comprensión, nadie pensaría que eres un desadaptado. La gripe simplemente llega y se va.

Pero no ocurre lo mismo con la depresión. Hay un estigma enorme sobre ella, nadie la comprende bien y, cuando alguien se interesa por la depresión del otro, generalmente balbucea una suerte de broma como “No entiendo por qué tienes esa gripe terrible, ¡tienes un perro magnífico!”. ¡Claro! Eso ayuda mucho…

Mira. Cuando estás en medio de un episodio de depresión, una de las cosas más útiles es poderle decir a alguien que te escucha: “Oye, tengo esta gripe espantosa que me tiene sin energía, no tengo idea de cuándo se me va a quitar, la detesto, y algunos de sus efectos secundarios son tener pensamientos muy raros que no quiero tener y vivir sin ningún tipo de control”. Es útil que te reconozcan como ser humano y que te digan: “¡Eso es horrible! ¡Que se vaya a la mierda esa gripe! Este es un asunto serio. ¿Qué pensamientos raros tienes?”. Y que, a continuación, te escuchen.

Tengo noticias para ti: la gente deprimida generalmente sabe que está teniendo pensamientos extraños, bizarros. Somos más conscientes de lo ridículo de toda la situación que la persona a la que le estamos contando de ella: simplemente no podemos remediarlo. Tener a alguien que te escuche decir cosas como “A veces pienso saltar delante de un tren”, a sabiendas de que los dos son conscientes de que ese es un puto pensamiento absurdo, hace que la persona con depresión se sienta aliviada.

Ya no está atada a sus pensamientos recurrentes. Los pensamientos son un síntoma de esa gripe que se chupa toda la energía, y ahora tú también lo sabes, así que, seriamente, ¿qué clase de gripe te da estos pensamientos de mierda? Una gripe de mierda.

Esto nos lleva a un tercer punto, que es sobre el que están construidos los mejores sistemas para lidiar con la depresión, como la terapia de aceptación y compromiso.

En sí misma, la depresión no es tan mala. Lo malo son los efectos secundarios

Los efectos secundarios incluyen el aislamiento social, el miedo, la estigmatización, el convertirte en una persona deprimente, la incertidumbre, los pensamientos extraños que no puedes contarle a nadie, todas las cosas que no puedes contarle a nadie…

Sin embargo, si estás conectado con gente estupenda que te escuche, se identifique y trate la depresión como algo normal, ocurre algo mágico: la depresión se convierte en una gripe que te quita la energía. Una gripe que tus amigos conocen, que no es contagiosa, y que, además —y sobre todo—, es molesta y manejable.

La mayor parte de los inconvenientes incómodos de la depresión son sus efectos sociales secundarios, no la enfermedad en sí. Los efectos sociales secundarios sobre los que se puede hacer algo. Hagamos algo.

Sentémonos, preguntemos, escuchemos.

Y una última cosa.

Hablemos, por favor, de la depresión

Ya sea que luches contra este problema o seas una compañía increíble que ayuda a sus amigos deprimidos, por favor hablemos abiertamente de la depresión. Tratémosla como una gripe: nadie va por la vida susurrando: “Ella tiene gripe”. Es solo una puta gripe. Es parte de ser humano. Interactuemos con ella, sin susurrar, y hablemos de ella como algo normal. Porque lo es.

Nota: Muchas gracias por la respuesta abrumadora que ha tenido este post (¡más de un millón de lectores en 193 países!). Escribí un libro que trata algunos aspectos de los que se habla aquí y muchos más, en el mismo tono sencillo y honesto. Se llama The No-Bullshit Guide to Depression (por el momento, solo está disponible en inglés y se puede conseguir aquí). Actualmente estamos trabajando en su traducción al español.